Umberto Eco sugirió antes de irse de este mundo nuestra obligación por señalar con el dedo y la mirada fija a los paladines de la ira y el rencor, los nostálgicos totalitarios y en resumen, los renacidos fascistas que parecían ascender y resucitar burbujeantes. Quizá Eco no pudo imaginar lo pronto que ha llegado la ebullición del renovado fascismo cuyo eco resuena ya tan cotidiana y llanamente que una desidiosa mayoría parece no querer ni levantarles el meñique ante sus delirios.Concentrémonos en el eco de fascismo que emana de la milagrosa oreja de Donald J. Trump y la nueva cuadrícula ominosa de sus tentáculos, rodeado por una panda de incompetentes, clones de su culto a la mentira y la simulación. Apenas llevan tres meses en su regreso a la Casa Blanca y el desmadre desatado parece contundente: la amenaza caprichosa de aranceles y su oscilación en un marasmo donde sus millones de simpatizantes siguen confiando en que redundarán en beneficios para su economía (sin asimilar que son impuestos lapidarios que elevarán el costo de sus supuestos gustos), la deportación a granel sin averiguación minuciosa de miles de migrantes, la cultura de la xenofobia a partir de cualquier tatuaje, el cultivo y transpiración de la ignorancia que se garantizará además con el deprecio y desaparición de la Educación como institución… y la cotidiana justificación de cualquier error con la minimización autoritaria. Hay un flujo constante del viejo imperialismo donde el líder se ha referido a un jefe de Estado de un país vecino y aliado histórico como “gobernador” del estado municipal en el que pretende convertir a ese país, la supuesta venganza de recuperar por la fuerza el canal de Panamá y la abierta filiación por “espacio vital” con el que ha recrecido la pretensión de invadir la inmensa isla helada de Groenlandia.El eco fascista impone aquí un paréntesis. Es una fortuna que por ahora no la ha dado a Trump por bailar una polka à la James Polk, presidente estadounidense decimonónico que de pura chiripa se resignó a que el Tratado de Guadalupe Hidalgo fijase su frontera entre México y Estados Unidos donde más o menos sigue hasta hoy, pues su propósito inicial era pintar la raya mucho más al sur del mapa -más o menos en San Luis Potosí- arrebatando todo el norte de México. Digo que el eco fascista que resuena no descarta la desatada locura de sus ocurrencias y quizá nos toque vivir o sobrevivir a la idiota ideota de que se les antoje invadir Baja California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas no con el pretexto de una Expedición Punitiva à la Pershing en busca de Pancho Villa, sino con el pretexto de convertir en una sangrienta masa humeante todos los paisajes que son querencia de los principales carteles del narcotráfico, con el aledaño de poner sus banderas sobre todos los predios de las maquiladoras o bien, jugarle al geógrafo convirtiendo en territorio gringo todo piso donde se fabriquen las autopartes que -por ahora- le siguen siendo extranjeras ¡nada menos que a la industria automotriz gringa!Suena descabellado, pero Trump ya impuso e insiste en la errata geográfica de rebautizar al golfo de México por capricho y me duele advertir que -dado que su demencia e ignorancia son ilimitadas- empiece la verborrea fascista contra México (su territorio, sus habitantes y no sólo sus migrantes, sus cultivos y el trasiego -quizá incluso, el dominio absoluto del fentanilo) tal y como ha pisoteado a Ucrania y a su presidente o a la franja de Gaza como prometedor paraíso turístico (una vez que termine la labor de aplanadora no sólo de edificios, sino de niños, mujeres, hombres y ancianos).Cierro el distópico paréntesis y vuelvo a Eco, Umberto contra el fascismo donde cita a Franklin D. Roosevelt quien en otro mundo y otra época afirmó el 4 de noviembre de 1938: “Me atrevo a afirmar que si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestro país”.Eco dictó como conferencia lo que ahora se vuelve un libelo de lectura obligatoria, porque puede ayudar a incautos y despistados no sólo a la identificación de la sutil filtración del fascismo y sus ecos, ya fervientes en más de un militante con cuernos de bisonte sobre su cara pintada o en los empresarios billonarios que se acomodan quizá incluso sin entusiasmo al Risible Reich que moldea desde su inodoro de oro la peor persona del mundo, el idiota infinito, el inmenso ignaro y su séquito de sicofantes.Si acaso sirve de algo, es indispensable cotejar con la bilis diaria la lista básica de los ecos del fascismo y orientar a las nuevas generaciones o a todos los olvidados que gentuza como Elon Musk y sus abuelos miembros con carné de un partido Nazi, Pete Hegseth alcohólico en negación que pretende ser secretario de Defensa sin dejar de ser esencialmente presentador mediocre de la televisión (mismo que esta semana tuvo a bien compartir como meme de chiste el hilo en tiempo real del ataque militar a los terroristas de Yemen), el inconcebible monstruo que mal-lleva ahora el nombre de Robert Kennedy y su voz cascada de antivacunero con una larva de gusano insertada en su cráneo en vez de cerebro… y por sólo añadir a otro de los payasos del circo, no olvidemos al patético y muy desorientado J.D. Vance, quien a pesar del maquillaje con el que delinea sus párpados no deja de ser hillbilly de mentiritas e incluso cripto-gay al filo de transicionar en oruga. Bueno, toda esta gentuza signa y sostiene una lista a palomear en las conciencias libres y buenas que no debemos quedarnos de brazos cruzados, sino cruzar en la nómina la siguiente sintomatología renglón por renglón:Son totalitarios en tanto pretenden controlar no sólo la economía a favor de los privilegiados y sus castas, sino las aulas y toda la cultura que para ellos es estiércol sin visos de abono.Son militaristas no sólo por los uniformes y el saludo à la Hitler y Mussollini o Franco, sino en el afán por bombardeos, las ansias de balas o por lo menos, macanas.Son idólatras unidos en el culto al líder (Fuhrer, Duce o Caudillo) pero ahora aliñado con la tolerancia a que el Imbécil Mayor haya sugerido inyecciones de cloro como antídoto para el covid, el mismo que miró a simple vista fija un eclipse solar que lamentablemente no llegó a cegarlo y otros detallazos de la más pura estupidez.Son autárquicos en tanto buscan ser autosuficientes en sus botanas sin guacamole, sus hamburguesas de pura obesidad y las papas antes llamadas a la francesa que el propio líder llegó a freír durante ocho u once extenuantes minutos de labor proletaria.Son antidemocráticos por esencia y en su constante represión a toda forma de oposición no descartan pisotear toda ley para perpetuarse en el poder, no sólo por seguir ensuciando la Casa Blanca, mancillando el Capitolio, sino quizá el perverso antojo de quedarse sentado en la punta del obelisco de George Washington.Repito que son xenófobos y racistas, supremacistas y ebrios de un trastocado nacionalismo de la peor definición de Yankee, a punto de desmantelar incluso el contenido no sólo de libros de texto o adiestramiento sino también las salas de los museos, los muros de las galerías y un larguísimo etcétera donde ya ni hablemos de la libertad de expresión.El eco del fascismo resuena cada vez con más volumen y nos queda por lo menos leer a Eco, Umberto ahora en doloroso silencio de un mundo que poco a poco sangra por la oreja.

Eco de fascismo | Opinión
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