Dolores Vázquez, condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof en 1999, aprovechó este domingo la entrega del premio Úrsula Meléndez de Texeda, del Ayuntamiento de Betanzos (Coruña), para afirmar: “En mi corazón, necesito que el Gobierno me pida perdón. Este es mi pueblo y no es lo mismo, es mi gente, la que lleva siete años conviviendo conmigo y me conoce. Lo de hoy es especial y sé que no voy a tener otra oportunidad así, pero no es suficiente” reivindicó visiblemente emocionada y entre aplausos de un público en pie. Cada año la localidad homenajea a una de sus vecinas, coincidiendo con la celebración del 8 de marzo y, a iniciativa socialista, todos los partidos (PSOE, PP, BNG y no adscritos) acordaron el reconocimiento a Vázquez. “No guardo rencor a nadie, a nadie, porque el sentirse mal, el no querer, el no ser coherente con uno mismo, lo único que se consigue así es amargarse uno por dentro. Y eso jamás. Siempre iré hacia adelante y lo que me den, bien recibido estará”, añadió.En septiembre de 2000, Dolores Vázquez fue detenida como principal sospechosa del asesinato de Rocío Wanninkhof, una de las hijas de su expareja, en Mijas (Málaga). Finalmente, quien fue condenado cuando se acumularon pruebas en contra fue Tony Alexander King, residente también en la Costa del Sol. Las piezas casaron cuando el británico fue arrestado por abusar sexualmente y asesinar a otra joven, Sonia Carabantes, en agosto de 2003, también en la zona, en ese caso en Coín. Pero, entre medias, Vázquez llegó a pasar 17 meses en prisión y fue víctima de un enorme juicio mediático en el que un juzgado popular la condenó. Tras su absolución final, optó por irse a vivir a Reino Unido, sin haber recibido una indemnización. El Supremo desestimó la demanda por el tiempo que pasó en prisión por una cuestión formal. Hoy vive en su pueblo, Betanzos donde se siente “querida”.La alcaldesa de Betanzos, María Barral, en una sala a rebosar de gente pidió perdón a Vázquez por ser víctima de una sociedad ”terriblemente injusta” y “por cada mirada injusta, por cada duda, por cada condena personal y global, por cada codazo y por cada gesto de abandono”. Porque la regidora expresó que los poderes del Estado “no estuvieron a su lado y siguen sin estar a la altura”. Barral se lamentó de no haber premiado antes a su vecina: “Es un día especial porque estamos aquí para hacer algo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo: reconocer, honrar y, sobre todo, pedir perdón a una mujer que sufrió una de las mayores injusticias de nuestra historia reciente. Fuiste víctima de una sociedad que en lugar de protegerte te señaló, de un sistema que en lugar de ampararte te condenó sin pruebas, sin razones y sin humanidad”.

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